Hora de ponerse las botas e ir a caminar por la historia. Te invitamos a sumergirte en una experiencia recorriendo una de las Cañadas reales del país. Realizaremos una ruta donde el aire puro, la tradición ganadera y paisajes únicos se fusionan para regalarte una jornada para desconectar de tus preocupaciones y conectar con la tierra.
Parte de la sierra de Tragacete (Cuenca) y llega hasta el sur de Bailén (Jaén).
Un poco de historia.
Las cañadas, también denominadas galianas, son antiguas rutas que cruzan la meseta castellana y que permiten el paso de los ganados trashumantes que emigraban entre sus pastos de verano en las montañas del norte y centro de la península (agostaderos) y sus pastos de invierno (invernaderos o extremos) en los cálidos valles, dehesas y tierras bajas del sur y oeste del país.
Recordemos que la climatología que presentan nuestras tierras es bastante adversa: los inviernos son fríos y en las montañas las nieves y las fuertes heladas impiden el desarrollo de los pastos; en contraposición, el verano es seco y prácticamente en él no se conocen las lluvias por lo que los pastos se agostan, salvo en los sectores montañosos. Así, las Cañadas Reales, eran los caminos que canalizaban los mayores contingentes de ganado, mientras que las Vías Pecuarias menores, denominadas cordeles, veredas y coladas, servían de ejes distribuidores de los hatos ganaderos hacia los pastizales.
Los anchos de estas vías eran: CAÑADA, que mide 90 varas (75 mt.); CORDEL, 45 varas (38 mt.); VEREDA, 25 varas (21 mt.) y COLADA, de anchura variable hasta 4 metros. Estas medidas se fijaron por la Mesta y se mantienen vigentes por la Ley 27 de junio de 1974.
Para dar una idea de su importancia, baste decir que integran más de 100.000 km de caminos públicos, 15 veces más extenso que la red de ferrocarril, unas 450.000 hectáreas de extensión, es decir el 1% del territorio español, equivalente a la provincia de Alicante, pero se estima que el 40% de estos caminos han desaparecido.
Además de la Vía Pecuaria propiamente dicha, existe un conjunto de elementos adicionales que completaban y asistían a la red de Vías Pecuarias, que hoy día en muchos casos están desaparecidos, como son los descansaderos, ensanche de una vía donde los rebaños descansaban, cambiaban de rumbo o esperaban unirse a otras expediciones pecuarias; las fuentes de abrevaderos, donde saciaban su sed; contaderos en los que la vía se estrechaba y permitía contar las cabezas de ganado; portazgos reales: que se situaban a lo largo de las Cañadas y permitían a los procuradores de la Mesta contar el número de ovejas y cobrarles un porcentaje que iba a engrosar las arcas de este organismo; majadas, lugares de acogida del pastor y su rebaño y que generalmente constaban de chozo, redil y aprisco; casas de esquileo, lavaderos de lana, ermitas mesteñas, chozos de pastores, etc.
El conjunto de ganado y todos los arreos necesarios se denominaba cabaña; esta solía estar compuesta por diez o doce mil cabezas, todo a cargo de un mayoral. Cada millar de ovejas llevaba 25 mansos y 50 carneros y era controlado por un rabadán que tenía con el a dos pastores y uno o dos mancebos. Este rebaño era protegido por cinco mastines con carlancas. El origen conocido de la trashumancia se remonta a tiempos de la reconquista en los que se fueron consolidando los desplazamientos de los cristianos. Es a partir de la edad media cuando se conforman los grandes sistemas de vías.
La ruta.
Partimos de Alhambra dirección suroeste por pista asfaltada rumbo a la vega y a la ermita de nuestra Señora de Fátima, donde el asfalto desaparece y la cañada recobra su auténtica dimensión de vía milenaria. Desde este punto, el panorama se ensancha y la llanura se deja ver con pocos desniveles relevantes. El paisaje se presenta ancho y solitario, solo dos fincas jalonan el camino que se mantiene en su estado primitivo salvo un trecho de carretera. Así pues, podemos imaginarnos que vamos formando parte de una trashumancia arcaica, solo que sin ganado.
Durante todo el recorrido se mantiene a nuestra derecha la Sierra de Alhambra que llega hasta San Carlos del Valle. Si bien los picos más altos rebasan escasamente los mil metros, se agradece ese contrapunto en la llanura. Tras la primera gran finca, el camino desciende hasta el cauce del río Azuer y la cola del embalse del Puerto de Vallehermoso, único sitio por donde la sierra se quiebra para dar paso a la vía de agua. Cruzamos el río y llegamos a la carretera por la que tendremos que recorrer unos 200 metros.
Casas de las Navas es la segunda y última finca que vemos; todavía queda un buen trecho hasta nuestro destino, Pozo de la Serna.
Esta ruta la hicimos en 2009. El paseo principal (que coincide con la cañada) lo encontré remozado; un paseo con jardines y zonas empedradas que delimitan la carretera me dieron mejor impresión que la vez anterior. Lo mismo que el bar, claramente mejorado, que si en aquella ocasión no sirvió para darnos acogida, esta vez sí.
La ruta no ofrece ninguna dificultad técnica (solo tiene un desnivel de 69 metros desde el punto más alto al más bajo), salvo la distancia: 23 km.
Saldremos a las 7:30 h. (atención al cambio de horario en esta madrugada), desde el nuevo emplazamiento de salida: la calle Ángel Luis Cabañas, antigua Lugo.
A la entrada de Alhambra, antes de coger el desvío para entrar en la población, en una explanada donde hay un restaurante cerrado y una gasolinera fuera de servicio pararemos, porque ese es el inicio de la ruta.
Sería conveniente que en esta ocasión salgamos con el café tomado de nuestras casas (y así lo haremos) para no tener que meternos en el pueblo y demorarnos casi una hora con el fin de llegar a buena hora al bar (que no sería antes de las 15 h). Tomaremos el bocadillo entre las 10 y 10,30.
Cuando lleguemos a Pozo de la Serna caben dos opciones para comer, una es llevarse el bocata de casa y tomarse la bebida en el bar y la otra, pedir algo allí. Hablé con la dueña del bar, amable y habladora, que me explicó que no dan comidas pero sí todo tipo de bocadillos, raciones, tostas... Es conveniente hacer un cálculo de los que vayamos a pedir de comer. Me dio una lista con los precios que os pasaré.
Gracias por acompañarnos.
Vicente Palacios.